jueves, 16 de agosto de 2018

ACAMPADA PIGALO

Este año, hemos vuelto a repetir la actividad que más nos gusta de la Escuela de Verano, ¡la acampada a Pígalo!

Y os lo vamos a contar, ya que han sido unos días de lo más ajetreados.



El 6 por la tarde nuestros padres y abuelos nos llevaron a la casa de los forestales de Luesia. Mientras llegábamos todos, estuvimos jugando. Cuando ya estábamos todos, preparamos nuestros sacos y esterillas en las tiendas de campaña, cogimos nuestras mochilas y nos fuimos andado andando y cantando a Sibirana. Cuando llegamos dimos la vuelta al castillo para poder disfrutar de las vistas que tiene y cenamos ahí. 




A la vuelta nos pusimos los frontales y mientras andábamos vimos un montón de "animalitos". Al llegar a la caseta, las monitoras querían jugar pero nosotros estábamos muy cansados y les pedimos tiempo libre en las tiendas. Nos lavamos las manos, los dientes, nos pusimos el pijama y fuimos a las tiendas de campaña. De repente escuchamos cencerros y salimos contárselo a la monitoras. Salieron de la caseta y... ¡estábamos rodeados de vacas! 




Espe, Elena, Ana y Cristina nos sacaron rápidamente de las tiendas de campaña y nos metieron en la la caseta. Intentaron espantar a las vacas con el coche de Ana, pero estaban tan acostumbradas a estar ahí, que no nos hacían caso... Como teníamos los sacos y las esterillas en las tiendas, se fueron a Luesia para intentar hablar con el ganadero para que nos ayudase a echarlas fuera de las tiendas, pero se les complico y tuvieron que llamar a la guardia civil.  Eran las 3:30 de la mañana cuando aparecieron con la guardia civil y consiguieron espantarla, cogieron nuestras cosas y dormimos dentro de la caseta.




A la mañana siguiente, nos despertamos todos muy pronto porque escuchamos cencerros de nuevo,  habían vuelto a la caseta, pero ahora era de día y no nos daban miedo. Salimos para hacernos fotos con ellas.

Después, desayunamos y nos preparamos para la andada mañanera. Vino el tío de Cristina para acompañarnos. Queríamos hacer una ruta pero estaba llena de maleza por toda la lluvia, así que decidimos ir al Corral de Calvo que es todo camino. No la terminamos porque estaba la mañana de tormenta y hacía mucho calor. Además habíamos dormido solo 4 horas y estábamos cansados.



A la vuelta, mientras Espe iba a ver si Elena y Ana habían terminado de hacer la comida, metimos los pies en el el río, y alguno, más que los pies. Comimos unos macarrones muy buenos y sandía.



Nos dejaron tiempo libre, y a las 5 nos fuimos a bañar a las pozas de Pígalo, pero a las 7 empezó a llover y nos tuvimos que volver al refugio. Ahí merendamos y jugamos a muchos juegos, unos dentro y otros fuera, ¡y nos llenamos de barro!



A las 10 cenamos tortilla, pechugas y salchichas que nos habían hecho los papis, mamis y abus.

Nada más cenar, nos fuimos a las tiendas a dormir, ¡estábamos agotados!



A mitad de noche (4 de la mañana), Espe nos despertó a todos tienda por tienda, explicándonos que íbamos a jugar a un juego, el último de cada tienda que llegase con su saco y su esterilla a la caseta tendría un castigo divertido. Cuando llegamos a la caseta nos dijo Ana que teníamos que dormir ahí, las vacas estaban al otro lado del camino... Las monitoras entraron todo lo demás de las tiendas y dormimos lo que quedaba de noche en la caseta. Carolina se puso malita y le tuvieron que venir a buscar.


Al día siguiente nos despertamos y las vacas ya no estaban, desayunamos y nos fuimos a las pozas a bañarnos, los más valientes de los mayores se tiraron de la rocas. Después fuimos al camping a tomar algo y a jugar. A la hora de comer, volvimos al refugio y comimos panceta a la brasa, pollo, chorizo y longaniza. 




Mientras las monitoras recogían y limpiaban, nosotros jugamos fuera hasta que nos vinieron a buscar. Dormimos muy poco, pero como siempre,  ¡nos lo hemos pasado muy bien!



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